Cuando terminé el trayecto, sonó el despertador y no había otro remedio que la de levantarse.
martes, 4 de octubre de 2011
Quinta incognita
Era el típico día soleado pero corría el viento, perfecto para irse a hacer deporte. Me puse los casos y decidí así salir a correr. Iba por la calle y apenas había gente, tampoco eran horas para ello, me encerré en escuchar la música cuando me adentré en un callejón para seguir mi ruta, donde me encontré con sus amigos, lo raro es que él no estaba allí. Cuando los ví me temblaron hasta los ojos de pensar que podría verlo aunque fuera por un momento exacto. Me obligué a dejar lo que había pasado a otro lado y llegué a la carretera... Estaba algo oscuro pero con la luz de los coches que pasaban por allí era suficiente. Me concentré de nuevo en mi respiración y en la música que me acompañaba sintiendo ese frescor otoñal por mi cara, cuando de repente alcé la mirada y sin darme cuenta porque ya estaba demasiado cerca, me choqué con una persona que en ese momento no reconocí. Me paré y lo analicé mejor, no era una persona cualquiera, eran de nuevo esos ojos color cielo, esa temperatura caliente cuando me rozó con sus manos, era la voz que tanto echaba de menos escuchar pidiendo perdón, era él. Me quedé anonadada por unas décimas de segundo y me atreví a mirarle a los ojos contestando que la culpa era mía. Me cogió la mano pero me la soltó rápidamente cuando vio mi cara de asombrada y su corazón empezó a latir mas fuerte de los nervios. Me pidió de nuevo perdón y siguió hacia adelante... Yo proseguí también aunque a los 3 pasos me paré y me giré para verle de nuevo, estaba más distante pero también me estaba mirando y esta vez sin pensarlo me guiñó el ojo mientras yo esbozaba esa sonrisa nerviosa y feliz siguiendo mi camino.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario