viernes, 23 de diciembre de 2011

En tu memoria.

Suena una canción de fondo, creo que puedo reconocerla aunque es tenue su volumen. Me dirijo hacia el sonido que emite tal canción, voy andando sigilosamente por el pasillo, no quiero molestar. Veo que hay una habitación la cual tiene la puerta entre-abierta, de ese pequeño espacio sale un destello de luz, es la luz de donde proviene la música que escuchaba antes y lo descifro porque ahora si la reconozco del todo y la escucho perfectamente. Es la canción que revive tantos recuerdos en mi. Me atrevo a abrir la puerta para conocer lo que había detrás de ella. Y le veo, es él, al que tanto anhelo desde hace tiempo. Esta de pie, asomando la cabeza para verme, parece que me estaba esperando. Tiene regaliz de fresa en la mano,-me encantaba- y su rostro se ilumina al ver que por fin estamos juntos después de tanto tiempo. No me da tiempo a preguntarle por su estado cuando me abraza muy fuerte y me susurra: -cuida de la familia y cuídate a ti misma, os protejo desde allí arriba y os quiero mucho así que no lloréis por mi y seguid recordándome como hasta ahora, vosotros podéis seguir adelante-. No puedo evitar en ese momento echarme a llorar al escuchar sus palabras. Me mira a los ojos y me dice: -no llores más Luna, sé feliz, yo lo soy porque siempre estoy en vuestros corazones-. Me seca las lagrimas con sus dedos y me da el regaliz de fresa. Estalla una luz muy blanca y brillante que venía de arriba, -es la hora de marcharme- dice, me da un beso en la frente y se va andando hacia esa luz, su luz y la que más brilla, hasta desaparecer y quedar en una estrella fugaz. Te quiero abuelo.

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