domingo, 4 de diciembre de 2011

Septima incognita.

Que bonito sueño, que bonita noche. Lo mejor de mis despertares es levantarme pensando en él. En este aparecíamos simplemente él y yo, era un sueño donde nosotros éramos los protagonistas. Venia a recogerme en moto, el abrazo y los besos que tanto amor llevaban parecían ansiosos, tal vez porque llevábamos tiempo sin vernos. Me monté, nos pusimos los cascos y una vez preparados arrancó la moto y aceleró a fondo. Pues era nuestro primer viaje y el comienzo de la sorpresa que quería darme. Después de un largo trayecto, al sentir que el frió me entraba por el rabillo de la chaqueta, aun así estando abrazada a él, abrí los ojos y pude observar que ya estábamos en la carretera y bastante lejos de la ciudad. Miré hacia todas partes y pude ver que el aire movía los olivos que había por los laterales de la carretera. Era invierno. Volví a cerrar los ojos y me aferré a él de nuevo. Mientras imaginaba el lugar a donde me llevaba me puse a pensar en él, se notaba que me quería de verdad y que quería estar conmigo, pues me transmitía mucho amor y ternura, se preocupaba por mi y sobre todo... era feliz a mi lado. Y eso me gustaba. Sentía su cuerpo moviéndose hacia un lado y otro entre mis piernas para pillar las curvas y yo le acompañaba, parecíamos dos cuerpos fundidos en uno solo. Tras varias horas de reloj noté que la moto frenó, su mano empezó a acariciar mi pierna y eso hizo que yo despertara de la fantasía que estaba soñando. Elevé la cabeza y le miré por el espejo retrovisor, me estaba mirando y al cruzarse nuestras miradas esbozó una sonrisa la cual me estremeció y le sonreí también. Giró la cabeza para mirarme un poco más de frente y me dijo:
-¿Que tal estas, mi niña? -Estoy como en las nubes, esto para mí es más que un sueño, ¿donde estamos, ya hemos llegado? -Entonces estamos en las nubes y si, ya hemos llegado.
El semáforo se puso verde, y la moto se puso en marcha seguidamente. Contemplé que estábamos en una ciudad la cual no lograba deducir, había muchos edificios comerciales, viviendas, mucha gente... pero no sacaba ninguna idea del sitio en el que nos encontrábamos. Nos metimos por una calle donde había muchas casas seguidas, eran preciosas por fuera y por dentro parecían ser espaciosas, paramos justo enfrente de una de ellas, era marrón en varios tonos, tenía garaje y unas escaleras para subir a la casa.
-Bájate, ya hemos llegado. (Acaté la normativa y me bajé, me quité el casco) -Y esto... ¿qué es? (Se bajó el también de la moto) -Esto es nuestra casa por unos días, ¿te gusta? -¿En serio? (me quedé aturdida) no me gusta, me encanta! Siempre he soñado con tener una casa y si ahora es nuestra casa... es lo mejor que me ha pasado en la vida. -Me encantas pequeña, coge el equipaje y subelo mientras a la primera planta, toma las llaves. -De acuerdo. 
Abrí la verja, subí las escaleras y abrí la puerta de la casa y entré justo cuando me percaté de que el estaba detrás de mí. Entré y vi que era preciosa por dentro, moderna, acogedora, luminosa y con ese olor a él que tanto me gustaba. Me enseñó todas las habitaciones y me ayudo a colocar el equipaje. Una vez que ya estaba todo ordenado me cogió de la mano y bajamos hacia la planta baja de la casa.
-Ahora toca lo mejor, tengo que taparte los ojos, nos dirigimos a un lugar mucho mas chulo que todo esto. -Pero... ¿aun hay más? no me lo puedo creer. (Cogió un pañuelo y me vendó los ojos para asegurarse de que no viera nada) -Ven, (abrió la puerta de la casa) ten cuidado hay unos escalones. (y sin soltarme la mano me ayudó a bajar) -Estoy muy nerviosa, ¿no me puedes decir a donde vamos? -No te preocupes estoy contigo, es una sorpresa y ahora lo veras. (Me abrazó y me besó para tranquilizarme).
Nos volvimos a montar en la moto, volvimos a recorrer trayecto aunque este se hizo mas corto, me ayudó a bajarme y me llevó sin dejarme sola hasta donde me quería llevar, bajé un escalón cuando noté que el suelo ahora era mucho mas dúctil, parecía arena pero no estaba segura, escuchaba como una cascada a lo lejos aunque adentrándonos en este camino parecían olas rompiendo. Se detuvo, se poso detrás de mi y me dijo: -Abre los ojos poco a poco, ya estamos aquí. Mientras me quitaba el pañuelo. Abrí los ojos y exaltada de alegría observé que estábamos en la playa, con el mar a nuestros pies y con el atardecer cayendo bajo el sol. -Me encanta, mi amor... es precioso todo esto, quiero que esto sea eterno. (Abrazado a mi y aun así manteniéndose detrás) -Te lo mereces y no dudes que será eterno porque te quiero. (Y mirándonos nos unimos así besándonos con nuestros labios ansiosos.)

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